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Lluvia en Saint Lary

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Estamos de vacaciones.

Tras unos meses muy duros. Tras muchas visicitudes des de septiembre pasado cuando tuvimos nuestras últimas vacaciones nos merecíamos un parón. 

El miércoles fue un día duro. Para quienes me seguís en Instagram os sonará que colgué una fotografía de mi gatita. Nos ha acompañado durante 10 años. Su mal carácter, sus ronroneos mientras escribía o leía en invierno. Sus “regalitos” en forma de cuartos traseros de ratoncillo en la puerta del baño. Sus quejas al viajar. Toda ella. Era una preciosidad de gata. Pero el miércoles nos dejó. Ahora debe estar corriendo aventuras sin fin y sin dolor ni problemas con el perro-que-vivía-en-la-rampa por el jardín de casa.

Así que el jueves hicimos de cena un estupendo pollo con cigalas para despedirnos de mis padres y el viernes por la mañana nos fuimos “a casa”, a Plan.

Hoy ha amanecido el día encapotado y lluvioso y con Timilio hemos ido a buscar lluvias en otro idioma. Francés para más señas. 

Vistas des de Eget

Hemos cruzado la frontera y nos hemos ido al otro lado de nuestras queridas montañas, al Vallée d’Aure.

La idea era visitar un museo en Ancizan dedicado al costumbrismo. En concreto a la cultura de la zona de Haute Pyrénées.

Calle de Saint Lary

Nos hemos dado un paseo por Saint Lary donde hemos decidido quedarnos a comer. Una salade de magret grillée, en mi caso, estupenda. EN un lugar muy coqueto del que no tengo foto.

Ya me perdonareis pero yo no me veo haciendo fotos en restaurantes con otras personas comiendo tranquilamente. No sé, lo veo muy íntimo como para ponerme yo allí click click.

Central electrica Saint Lary

Me encantan estas casas francesas

Rio Aure

Eso si, he hecho un buen montón de fotos del pueblo y de su central eléctrica cuando hemos ido a dar una vueltecita para comprar un trozo de gateau au broche. Os lo recomiendo. Yo no lo había comido nunca y me ha gustado mucho. Acompañadlo con chocolate caliente y un te.

Etiqueta de la tienda donde hemos comprado el gateau

Tambièn hemos visitado, brevemente pues volvía a llover, el pueblo de Eget. 

Calle de Eget village

Torre de la iglesia de Eget

Des de la iglesia de Eget

Allí hemos descubieto una rutilla circular que iremos a recorrer próximamente.

Media tarde y hemos vuelto a casa a comernos nuestra merienda a base de gateau au broche

Un buen día a pesar de la lluvia y el fresco ya otoñal. Que bien sienta abrigarse despuès de un verano tan caluroso.

Y he hecho un montón de fotos de nubes. 

Ya sabeis que me gusta mucho el tema nubes.

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Felicidad gatuna

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Siempre digo que en la próxima vida me gustaría reencarnarme en gato, pero de casa buena.

En casa compartimos vida con una fauna diversa. Juanito el puercoespin que vive en el jardín. Sebastian el ratón. Nuestro querido perro ovejero Neret compañero de mis paseos por el bosque. Y tres gatos.

Hoy he llevado a la “pelu” al perrolanudoladrador y el gato màs pequeño de la familia le tiene miedo. Lo ve diferente así que le bufa y se defiende arqueandose con la cola bien inflada. Su “papa” perruno ha cambiado y se siente inseguro. Dormirà debajo de la cama.

La otra ha salido por patas después de bufarle. Como ya no se lleva bien con el perro no me extraña. Volverà cuando se le pase el mosqueo.

Pero hay uno que no se inmuta por nada. Que sigue pidiendo comida como un Carpanta cualquiera y que duerme como si no hubiera un mañana. 

Bueno hasta que lo ha molestado el otro y se ha ido a beber agua. O comer un par de bolitas de pienso.

Paseos matinales

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Ahora que hace tanto calor salimos a pasear más pronto. Durante dos semanas tenía abandonada esta sana costumbre. Algunas citas tempraneras ineludibles, un par de fines de semana en el Pirineo y mucha pereza han sido los culpables de este abandono.

El bosque cambia constantemente y a mi amigo de lanas todo le parece nuevo a estrenar.

Queda claro que hoy hemos vuelto a salir. Se lo había prometido y los perros saben lo que les dices. Este mío se queda con la idea en la cabeza y des de que me he levantado que no me ha dejado sola. “Salimos, eh” me iba diciendo con la mirada.

Des de las lluvias de final de mes las mañanas son menos calurosas y da gusto caminar por el bosque.

Algunos días la luz nos regala con imágenes increibles.

Y como hoy hemos hecho la ruta corta hemos coincidido con dos vecinas que también pasean a sus compis peludos.

El perro lanudo ha hecho amigos.

Nota: en honor a la verdad debo deciros que todas las fotos no son de hoy. Voy haciendo fotografías y las guardo a la espera de su momento. He escogido unas de otros días para acompañar las de hoy. Hoy la mañana esta un poco nublada y la luz no era tan buena, ni su efecto entre los árboles, como las de otros días.

Febrero 2004 – Septiembre 2015

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Había una vez una casa en lo alto de una avenida. De frente sus ventanas en forma de arco impresionaban al visitante. Sus blancas paredes ofrecían su bienvenida. De cerca, el verdete daba un toque colorista a los muros. Las ventanas empañadas ofrecen calidez al que mira.

En esa casa hay una rampa, larga y empinada, que los propietarios empedraron un verano. Se estira todo a lo largo y ancho y da seguridad al que se acerca. Los arcos ya no impresionan. El blanco ya no es tan blanco. Y el empañado de las ventanas son dibujos navideños que no se han borrado.

En esa casa. En esa rampa. Justo ahí mirando a todo el que pasa vive un perro. Un perro grande. Un perro orgulloso. Un perro lobo. Es “el perro que vivía en la rampa”. De día ladra por los jardines cuando oye un ruido, cuando oye un coche, mientras baja la rampa. De noche ladra a los gatos que le roban la comida

Vive en la rampa. Estirado donde la última pieza del empedrado se une a la acera. Estira sus patas por debajo de la valla y apoya el morro con semblante preocupado. Observa la vida que acaece en la avenida.

Todo el que se acerca a la valla de entrada recibe el gruñido del perro. Si eres amigo mueve la cola y se sube a la valla. Si no … también. Si sube por la avenida una furgoneta blanca ladra y ladra sin parar hasta que la pierde de vista. Si viene el cartero ladra al perro vecino, el perro que vivía bajo un techado anexo a la casa. Si viene el basurero se sienta y observa. Y si viene un coche .. ay! si viene un coche. Desde arriba lo ve llegar. Cuando baja lo observa maniobrar. Si es blanco mueve la cola de forma tímida. Si aparca mueve la cola nerviosamente. Si alguien baja disimula y ladra como si algo defendiera.

Es el perro que vivía en la rampa.

Durante un tiempo el perro tuvo un compañero, un socio. Un gato negro, pendón desorejado, cuya fama en el barrio lo precedía. Todas las gatitas lo llamaban “el gato del collar”. Elegante y discreto paseaba sus encantos por el centro de la avenida. El perro lo miraba y lo admiraba por su pericia. Entre los barrotes siempre se colaba y a pasear se largaba.

Jugaban y se perseguían y compartían el jardín. Pero un verano que el perro no estaba, el gato murió. Mala noche, mal día, el día que aquella jovencita lo miró apasionadamente. Se hizo el valiente, lamió de aquella comida …

Un día el perro recibió otro socio. Una compañera. La llamaban “el elemento insurrecto” y su pasión son los árboles. Gatita ágil y cazadora, salta sobre el perro y le reta a duelos sin cuartel. Terror de los abejorros, 4 meses de fama bien merecida, de morder y arañar, la preceden allá donde va.

Este cuento lo escribí en 2009. El perro tenía 4 o 5 años y el gatito se llamaba Pingus. La compañera que se le llevó al perro sigue corriendo y jugando por aquí pese a su carácter, sus escapadas y su espíritu aventurero.

Años más tarde, el verano de 2014, el perro recibió un nuevo compañero. Un gato peludo, pachorra como nadie y de carácter afable y bonachón. Ese gato debe tener unos 8 o 9 años y se ha habituado a todo y todos. Incluso a la gata mal carada a la que persigue para aprender de ella o jugar, cuando está de buen humor.

Estos días no estaba de buen humor. El perro que vivía en la rampa ya ni siquiera bajaba a la rampa, no defendía la casa y el gato peludo es un desastre como defensor de territorio. Pese a su peso y tamaño prefiere una buena siesta a una pelea tonta. La gata ahora se pasa el día en el garaje, enfadada, durmiendo sobre el motor del coche.

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El perro ya no está.

Aunque sigue con nosotros, ya no defiende, ya no ladra. Ahora corre por el jardín, libre y feliz con su amigo Pingus, el gato pendón, y un gato amigo, Nico, que por azares de la vida vino a dormir a nuestro jardín. Si miras en lontananza, al atardecer, puede que los veas. No los molestes, son los guardianes de la casa.

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