El martes era festivo. Estamos en esa semana estúpida en la que se tienen dos días de fiesta separados. Dos dias pares festivos: 6 y 8. Parece una broma pero no lo es. Este año además han caido durante el transcurso de la semana: martes y jueves.

Divertido? No. Trabajar dias alternos es muy perturbador. Esta semana tiene tres lunes o tres viernes según como lo mires. No coges un ritmo. Si ademàs tienes o trabajas en una fábrica con maquinaria la cosa se complica. Hay máquinas que lo de “trabajar”día sí día no lo llevan francamente mal.

Y si eres comerciante o trabajas de dependienta esta semana es de lo peor. No olvidemos que es el inicio de la campaña navideña y estos dos días en las grandes superficies comerciales son laborables. Y los próximos domingos.

Cuando media ciudad está de fiesta la otra media – tengamos en cuenta que somos un pais de servicios – está trabajando. Generalmente para la media que no trabaja.

Coches hasta donde alcanza la vista llenaban tanto este parking subterráneo (planta -2) como los exteriores. 

Se produce un efecto curioso y cruel en el que los dos días festivos de diciembre hay gente que es cuando más trabaja y con más estress. Muchos aprovechan para las compras de Navidad con las prisas para evitar tener prisas la última semana.

El estress es palpable aunque aún no ha llegado a sus cotas máximas. Dadle tiempo, solo es dia 7. Faltan 17 días para Nochebuena.

Nosotros quisimos participar de esta vorágine consumista por un día y nos bajamos a La Maquinista. Misión: desodorante para Buho Gris y una broca para hierro del 3. 

Fuimos unos campeones. Aprovechamos para comprar un potecito de pintura roja para superficies metálicas – ya os enseñaré para que -, un pincel y disolvente junto con las brocas (paquetito de dos) en Leroy Merlin. Del desodorante salimos indemnes y no sucumbimos a nada más – aunque yo me miré los lapices labiales – en Sephora. Eso si, de esta segunda parada salimos algo intoxicados por tanto perfume.

Luego cometimos el error de entrar en una tienda que se llama A loja do gato preto. Totalmente desconocida para nosotros nos encantó la estética de sus productos. Nos compramos unas tazas para te de casi medio litro preciosas.

Ya algo agobiados y antes de que la Casa del libro nos absorbiera con sus peligrosas tentaciones llenas de páginas repletas de letras,  nos fuimos.

De vuelta en nuestro querido Vallés Oriental decidimos darnos un pequeño capricho e ir a comer un menu a Les Sureres. Es un acogedor restaurante en la carretera de Santa Maria de Palautordera. Hacía muchos años que no ibamos y fue grato comprobar que su cocina sigue siendo igual de buena y el trato tan agradable como lo recordábamos.

Después de una mañana en el caótico mundo de un centro comercial ese pequeño restaurante fue como un oasis de calma.

Esparragos verdes a la brasa con salsa romesco, cordero a la brasa y patata al horno con all i oli y coulant de chocolate. Sencillo, suculento y en la cantidad adecuada.

Nos damos cuenta de lo afortunados que somos de vivir donde vivimos a pesar de la constante humedad que nos rodea cada día.

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