Ultimamente estoy muy desganada con “esto” del blog. No lo digo bien. Estoy desganada con sentarme a la mesa, escribir, poner la marca de agua en las fotos y publicar. ¿Porque puntualizo eso?

Porque entradas se me ocurren mil y tengo “cienes” pensadas, preparadas e incluso escritas en la carpeta de borradores o en mi cabeza. Pero me siento a la mesa, veo libros, ganchillo o cualquier otra cosa y me distraigo. El problema es que ultimamente tengo la capacidad de concentración de una mosca para cualquier cosa que no sea ganchillear.

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Confieso que estoy intentando establecer una rutina diaria. Lo dicen muchas compañeras (y compañeros) blogger.

Mientras esa rutina no llega seguiré publicando a salto de mata.

Hoy he dado un paseo por el pueblo. Un paseo breve porque, de hecho, me he pasado una hora y media en la biblioteca. Las bibliotecas. Esos lugares.

La verdad es que una biblioteca es el lugar ideal para pasar horas y horas. Encabeza la lista de lugares bajo cubierta donde me gusta estar – fuera de casa, se entiende -. Un lugar lleno de libros, cómics, revistas, cds, dvds… Un lugar donde puedes aprender, viajar, amar y vivir aventuras sentada en un sofá o silla con tranquilidad. Hasta te las puedes llevar contigo durante un tiempo. Te prestan “esas” aventuras para que las vivas en casa con una bebida. Y gratis! ¿Que más se puede pedir?

Cuando trabajaba a jornada completa en Barcelona me pasaba de las dos horas de comida que tenía, una y media en la Casa Asia. En aquel tiempo estaba situada en el Palau del Baró de Quadras en la Diagonal.  Su increible biblioteca fue para mi la puerta a la literatura oriental y asiática. Disfruté mucho y me llevaba libros a casa para no perder el ritmo.

Luego la trasladaron. Aunque yo ya no trabajaba en Barcelona seguía yendo de vez en cuando a perderme durante una mañana. Un buen día ya no estaba. Le perdí la pista y se que me cae lejos del tren. Está en el recinto de Sant Pau.

Una lástima. Extraño aquellas formas de contar y aquellas realidades distintas de la nuestra. Tan occidental ella.

Asi que una mañana de paseo por el pueblo, eso os lo conté, renové mi carnet de la biblioteca. Digo renové porque lo tuve una vez. Hace muchos años. Expedido en la Biblioteca Can Rosés del distrito de Les Corts.

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Todo ha cambiado. Yo misma he cambiado. Pero mi pasión por los libros sigue intacta. Hoy he “sacado” solo dos. Te puedes llevar tantos – ahora no recuerdo cuantos y no quiero decir una barbaridad – que ni yo soy capaz de leerlos en un mes. Porque te los dejan un mes! Y puedes renovar el préstamo dos veces.

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Además me he encontrado con una grata sorpresa: un número del magazine Kireei.

¿Cómo es que no vamos más a las bibliotecas?

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