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Poesia

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Desde hace un par de semanas el tiempo se ha vuelto desapacible. Parece que este invierno tan cálido no se quiere ir del todo y estos días son algo más frescos y húmedos.

Esta mañana, que la planificación decía que tenía que hacer trabajos de jardín, está siendo más lluviosa de lo previsto. Ante las inclemencias meteorológicas solo cabe la adaptación. No puedes pelearte ni discutir con un cielo nuboso o una lluvia persistente. Tienes todas las de perder. Así que he decidido reordenar mis estanterías, que buena falta les hacía.

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Ordenar unas estanterias, como un armario o un cajón, siempre implica algún descubrimiento. Una foto perdida, un libro dedicado que aún no he leido, multitud de lapicillos de colores y algunas libretas olvidadas.

En una de esas libretas, libretita de hecho, he encontrado un par de poemas breves que datan de 2007.

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Son un poco depresivos pero ya va bien en un día desapacible como el de hoy.

Este es el primero:

Aquí
Donde los nombres son jeroglíficos
Donde la edad es sólo memoria
Donde la historia escribe tu vida en minúsculas

Aquí
Estamos solos y así seguiremos
Cuando nos olviden
Solos en el firmamento
Jeroglíficos de memoria
De vida en minúsculas

Son de diciembre. Debía ser un día también desapacible. Ahí va el segundo:

No os olvideis de mi
Oh dioses antiguos
Acordaos de mi ser
De mi nombre
De mi rostro

Olvidad el pesar
Recordad los gozos
Oh dioses antiguos.

No os olvideis de mi
Mortal vida
De historias hecha

Mi poesía no suele ser muy alegre aunque tengo alguna cosilla que transmite más felicidad. A ver si en otro impulso ordenador los encuentro.

De momento os he mostrado los hallados hoy.

Admirando la magnitud de la vida

Caminando hasta casa

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En este invierno tan raro que hemos tenido y aprovechando el tiempo sobrante me he dado muchos paseos de casa a Cardedeu. Y a la inversa, claro.

Los lunes hay mercado en Cardedeu y alguna que otra semana he ido a pie. Pero no des de casa. No me veo yendo los 3,5 kms hasta casa arrastrando el carro de la compra lleno de patatas y naranjas.

Dejo el coche al otro lado de la via del tren lo que te permite dar un paseo ttanquilo por el mercado sin el estres de encontrar parking para el coche. Y de paso vuelves con la compra y no la acarreas hasta casa.

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Te sientas a tomar el sol antes de subir al coche. Tienes unas vistas chulas del trayecto que tienes por delante. Te permite pensar en la suerte de haber cogido el coche cuando miras el carro de la compra a tu lado.

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Puedes ver la silueta del pueblo.

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Y de la Creu de la Serreta allá arriba.

Sin embargo a veces se tienen ganas de dar un paseo. Dejas el coche en casa, te calzas las bambas y sales toda animosa. Hace un buen día y casi sin enterarte llegas al pueblo. Paseas por las calles, de repente te descubres en la biblioteca rebuscando cómics para leer.

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La vuelta mucho más tranquila cargando con tres cómics. Ves otra de las siluetas del pueblo.

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Ese día hasta hice un amigo.

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Arte callejero, en este caso poligonero, que alegra la vista.

Ya solo queda la última subida hasta casa. Y el agua. La próxima vez procuraré sali con una mochila y un botellín de agua para ir echando tragos.

Admirando la magnitud de la vida