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Febrero 2004 – Septiembre 2015

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Había una vez una casa en lo alto de una avenida. De frente sus ventanas en forma de arco impresionaban al visitante. Sus blancas paredes ofrecían su bienvenida. De cerca, el verdete daba un toque colorista a los muros. Las ventanas empañadas ofrecen calidez al que mira.

En esa casa hay una rampa, larga y empinada, que los propietarios empedraron un verano. Se estira todo a lo largo y ancho y da seguridad al que se acerca. Los arcos ya no impresionan. El blanco ya no es tan blanco. Y el empañado de las ventanas son dibujos navideños que no se han borrado.

En esa casa. En esa rampa. Justo ahí mirando a todo el que pasa vive un perro. Un perro grande. Un perro orgulloso. Un perro lobo. Es “el perro que vivía en la rampa”. De día ladra por los jardines cuando oye un ruido, cuando oye un coche, mientras baja la rampa. De noche ladra a los gatos que le roban la comida

Vive en la rampa. Estirado donde la última pieza del empedrado se une a la acera. Estira sus patas por debajo de la valla y apoya el morro con semblante preocupado. Observa la vida que acaece en la avenida.

Todo el que se acerca a la valla de entrada recibe el gruñido del perro. Si eres amigo mueve la cola y se sube a la valla. Si no … también. Si sube por la avenida una furgoneta blanca ladra y ladra sin parar hasta que la pierde de vista. Si viene el cartero ladra al perro vecino, el perro que vivía bajo un techado anexo a la casa. Si viene el basurero se sienta y observa. Y si viene un coche .. ay! si viene un coche. Desde arriba lo ve llegar. Cuando baja lo observa maniobrar. Si es blanco mueve la cola de forma tímida. Si aparca mueve la cola nerviosamente. Si alguien baja disimula y ladra como si algo defendiera.

Es el perro que vivía en la rampa.

Durante un tiempo el perro tuvo un compañero, un socio. Un gato negro, pendón desorejado, cuya fama en el barrio lo precedía. Todas las gatitas lo llamaban “el gato del collar”. Elegante y discreto paseaba sus encantos por el centro de la avenida. El perro lo miraba y lo admiraba por su pericia. Entre los barrotes siempre se colaba y a pasear se largaba.

Jugaban y se perseguían y compartían el jardín. Pero un verano que el perro no estaba, el gato murió. Mala noche, mal día, el día que aquella jovencita lo miró apasionadamente. Se hizo el valiente, lamió de aquella comida …

Un día el perro recibió otro socio. Una compañera. La llamaban “el elemento insurrecto” y su pasión son los árboles. Gatita ágil y cazadora, salta sobre el perro y le reta a duelos sin cuartel. Terror de los abejorros, 4 meses de fama bien merecida, de morder y arañar, la preceden allá donde va.

Este cuento lo escribí en 2009. El perro tenía 4 o 5 años y el gatito se llamaba Pingus. La compañera que se le llevó al perro sigue corriendo y jugando por aquí pese a su carácter, sus escapadas y su espíritu aventurero.

Años más tarde, el verano de 2014, el perro recibió un nuevo compañero. Un gato peludo, pachorra como nadie y de carácter afable y bonachón. Ese gato debe tener unos 8 o 9 años y se ha habituado a todo y todos. Incluso a la gata mal carada a la que persigue para aprender de ella o jugar, cuando está de buen humor.

Estos días no estaba de buen humor. El perro que vivía en la rampa ya ni siquiera bajaba a la rampa, no defendía la casa y el gato peludo es un desastre como defensor de territorio. Pese a su peso y tamaño prefiere una buena siesta a una pelea tonta. La gata ahora se pasa el día en el garaje, enfadada, durmiendo sobre el motor del coche.

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El perro ya no está.

Aunque sigue con nosotros, ya no defiende, ya no ladra. Ahora corre por el jardín, libre y feliz con su amigo Pingus, el gato pendón, y un gato amigo, Nico, que por azares de la vida vino a dormir a nuestro jardín. Si miras en lontananza, al atardecer, puede que los veas. No los molestes, son los guardianes de la casa.

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Excursiones. Algunas amigas, o no

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Hace un par de sabados, aprovechando que en Catalunya era festivo, nos fuimos a pasar unos dias al Pirineo. Ya sabeis que es nuestra segunda casa, que se esta más fresquito – aunque este verano nos han dicho que se han asado como todos, el calor no hace diferencias – y que hacemos cosas diferentes, más relajadas.

Como habia llovido, está más alto y el campo se enfría antes nos decían que ya había alguna que otra seta. No nos lo pensamos dos veces. Nos fuimos a ver que encontrábamos para comer.

O no.

Estas que os enseño NO se comen. Se conocen popularmente como Monguis y tienen la peculiaridad que por lo visto se toman como droga alucinógena. No las hemos probado, ni ganas. Normalmente crecen en las cacas o boñigas de las vacas y son de un tamaño humilde. Estas no. Eran de un tamaño considerable. Supongo que las cacas de las vacas de la montaña tienen más sustancia o alimento. Vete tu a saber.

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Estas otras si se comen.
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Son un Cep – chiquito pero de manual – y un Abro. Ambos nombres en catalán. Junto con un puñado de Rovellons y alguna que otra Llengua de Bou nos hicimos un salteado con bacon y spaguettis. Delicioso.

Las primeras setas de la temporada.

Como veis hay veces que las fotos tienen marcas de agua y veces que no … No soy el as de la técnica así que estoy batallando con aplicaciones del mobil y pogramas del ordenador para que todo me funcione bien y coordinado.

Escribiendo. Un poema

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El otro día estaba en el trabajo y al salir me di cuenta que mientras conducía pendiente de los camiones de la autopista mi mente divagaba. Miraba los otros vehículos y pensaba en las vidas, las historias de cada una de las personas encerradas en cada uno de ellos. Siempre me ha gustado pensar en las vidas de los que estan tras las ventanas iluminadas de madrugada. O tras el volumen demasiado alto de la tele o la radio. Luego solía imaginar historias más o menos rocambolescas.

Al día siguiente escribí este breve poema.

Hacia tiempo que no escribía nada en mi lengua materna. Deben ser los nuevos aires o sencillamente que estuve reordenando viejos papeles plagados de poemas e historias escritas en catalán.

También coincide que he estado siguiendo un curso en la plataforma EDX sobre la recuperación o la revitalización de lenguas minoritarias y/o en peligro.

El caso es que escribí un poema breve. No es muy bueno. Ni siquiera lo he repasado pero hoy he leido un artículo de uno de los blogs que sigo http://nonperfect.com y me ha hecho pensar. Quizás no tiene ningún sentido todo lo que escribo aquí hoy pero necesitaba contaroslo.

Porqué empecé a escribir un blog? Alguien me dijo que era una buena manera de que las personas supieran que voy haciendo. Otra persona me dijo que podía ser una forma de que diera voz a las cosas que escribo.

No lo he usado mucho para mostrar lo que escribo. Aún me da reparo y me considero algo pardilla en esto del mundo blogger.

Pero hoy es un día extraño y he recuperado este poema de la libreta que usaba en el trabajo para tomar notas de las llamadas. Ahí os lo dejo … junto con su traducción al castellano.

Distreu la ment
Que divaga com mai
Un mon dispers
Habitacle de somnis
Que volen sortir
I volar lliures
Fer-se realitat
En un dia clar.

Distrae la mente
Que divaga como nunca
Un mundo disperso
Viviendo de sueños
Que quieren salir
Y volar libres
Convertirse en realidad
Durante un día claro.

Paulatinamente iré añadiendo más entradas con textos que escribo. Porque mi pasión es escribir. Para mi es como respirar. Que me lean o no ya no me importa tanto pero si lo haceis y quereis comentar algo bienvenidos a mi mundo.

Admirando la magnitud de la vida