Buho Gris y yo tenemos pasión por los bichos. Los bichos de todo tipo. Y aunque odiamos a muerte a los mosquitos tigre y su inacabable capacidad para chuparte la sangre de forma impune, no rociamos la casa con repelente. Intentamos que nuestras mascotas esten libres de pulgas, garrapatas y bichillos indeseables en general con productos lo más ecologicos y naturales posibles. Pese a que las avispas son; a mi entender; pavorosas aun està por ver que mate alguna. He aprendido a sacarlas de casa con la ayuda de un vaso y un hoja de papel.

Asi visto nuestro interés por el bicherío en general convivir con una cazadora nata como es nuestra gata, Mishi, es nuestra peor pesadilla. Sobre todo cuando llega la primavera y los pajaritos y ratoncillos de campo han criado. Sin olvidarnos de los geckos o dragones que a causa de las frescas temperaturas nocturnas van algo atontados.

Una vez planteado el problema lo que ha pasado en los últimos dos días era facilmente previsible.

Jueves por la mañana. La gata anuncia su llegada con un regalo. Siempre lo hace. Justo cuando el sol empieza a despuntar ella consigue cazar algo. Como está bien alimentada nos lo trae como trofeo y se anuncia con marramiaus especiales facilmente reconocibles. Pero el trofeo se le escapa y cuando intentamos rescatarlo se ha escondido entre las delgas del parquet de la pared.

Horas después Buho Gris la ve jugar con una pelotita del tamaño de una cereza picota. No es una cereza. Tiene pelo. Es un ratoncillo.

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Despistada la gata con una bola del roble salva la vida al ratoncillo y lo intenta soltar en la leñera. Pero muerto de miedo no se va. Así que, como única manera de salvarle la vida lo pone en una caja de cartón.

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Después de intentar soltarlo por dos veces más sin éxito decide que lo adoptamos.

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Hoy le hemos construido una casita, a prueba de gatas insistentes, tras una noche algo movida.

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Somos muy apañados y hemos aprovechado un viejo cajón verdulero de nevera, un cesto de hierro de mueble verdulero y un trocito de tela mosquitera. El suelo es de trocitos de papel higiénico y los platos tapas de potes de cristal que teniamos para el reciclaje. De comida unas pocas bolitas de pienso de los gatos, un trocito de manzana y un poquito de turrón de jijona.

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Se llama Sebas y es el sexto miembro de la familia.

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Y que dure.

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Admirando la magnitud de la vida

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